Relaciones respetuosas en la primera infancia

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Hace tiempo que quería escribir sobre un tema tan esencial en la educación como las relaciones recíprocas, fundadas en la confianza y el respeto.

Estando en Nueva Zelanda descubrí que su curriculum Te Whāriki se basa en la importancia de las relaciones humanas para que el aprendizaje y el bienestar de la infancia se consolide.

Sin embargo, también entendí como nos distraernos de esta prioridad con las constantes exigencias y demandas del propio sistema educativo. Nos perdemos en papeleos y trámites administrativos para justificar la calidad de nuestra practica y olvidamos lo que de verdad importa, la base de todo el aprendizaje: mantener las relaciones humanas en el corazón de la práctica.

Para explorar este tema, me baso en el estudio que Toni Christie llevó a cabo en sus centros en Nueva Zelanda, Childspace, y que recoge en su libro Respect and Relationships. Estos escritos son una síntesis, desde mi humilde interpretación, con la intención de acercarte una visión humana y práctica que conecta con las teorías de figuras como Emmi Pikler y Magda Gerber.

Dado lo extenso y profundo de este tema, he decidido abordarlo en tres partes:

  1. El concepto de respeto y cómo fomentar relaciones humanas de calidad.
  2. El cuidado primario y la importancia de la figura de apego principal (key teacher).
  3. La capacidad de respuesta o responsiveness.

Hoy nos centraremos en el primero de estos temas: el respeto como base de las relaciones humanas.

Pero antes de adentrarnos en este concepto, hagamos una breve introducción a una figura clave que también ha inspirado gran parte de estas ideas y que sigue siendo poco conocida en el mundo hispanohablante: Magda Gerber.

Magda Gerber: Una visión respetuosa de la infancia

Magda Gerber es una figura fundamental en la educación infantil, especialmente en países anglosajones como Estados Unidos, UK, Australia y Nueva Zelanda. Su enfoque RIE, profundamente influido por Emmi Pikler, ha inspirado a destacados profesionales y ha transformado numerosas prácticas de educación infantil aquí, en Nueva Zelanda, desde donde te escribo.

Gerber conoció a Emmi Pikler al convertirse en la pediatra de sus hijos, y quedó profundamente fascinada por su enfoque respetuoso hacia la infancia. Esta conexión la llevó a colaborar en Lóczy, el centro dirigido por Pikler en Hungría (si no conoces su trabajo, te animo a explorar más sobre ello en este post Emmi Pikler y cómo transformar tu propia práctica).

Más tarde, en 1978, Gerber fundó el Instituto RIE (Resources for Infant Educarers) en California, llevando estas ideas a las familias de Estados Unidos.

Aunque Pikler y Gerber compartían perspectivas similares, Toni Christie en su libro señala algunas diferencias clave:

  • Pikler Approach: Anna Tardos, hija de Pikler, definió su enfoque basado en investigaciones con niños huérfanos. El objetivo principal era garantizar relaciones estables y respetuosas para un desarrollo saludable en entornos institucionales.
  • RIE Philosophy: Gerber, en cambio, utilizó el término «filosofía», centrándose en apoyar a las familias y promoviendo un apego seguro en el hogar, sin una investigación tan formalizada.

Ambas compartían una creencia esencial: cada interacción con los niños debe ser una oportunidad para mostrar respeto. Esto implica tratarlos como seres humanos únicos, capaces y con derechos desde el principio de sus vidas.

El respeto como base de las relaciones humanas

El respeto se puede entender como el trato considerado, en el que aceptamos a la otra persona como un ser único con derechos y libertades. Al mostrar consideración, transmitimos a la otra persona que es capaz y valiosa, lo que a su vez refuerza su autoconcepto y autoestima. Esta relación de respeto mutuo no aparece de manera automática en la adultez; es el resultado de un proceso que comienza en la primera infancia, o incluso antes, en el vientre materno.

El respeto hacia este ser humano empieza en la forma en que nos dirigimos a él, lo nutrimos, lo hablamos y lo tocamos, permitiéndole ser y expresarse con sus propios derechos y libertades. Así, el niño o la niña llega a aceptarse y reconocerse como alguien capaz de expresar y conectar con sus necesidades más esenciales.

«Los bebés necesitan ser cuidados con profundo respeto por personas que comprendan el desarrollo y el aprendizaje únicos que ocurren en cada niño a esta edad. Los bebés y niños pequeños no tienen elección sobre dónde ser atendidos, quién los cuida y muchos otros aspectos de su vida diaria. Como adultos, es importante reconocer este hecho y actuar responsablemente en beneficio de los miembros más jóvenes y vulnerables de la sociedad.»Toni Christie

Valores Fundamentales en el Respeto

El respeto es un valor fundamental que forma la base del carácter y la personalidad humana, como señalan Miller, R. & Pedro, J. (2006). Este valor incluye una serie de prácticas y actitudes que son esenciales para construir relaciones respetuosas con la infancia. Entre estos elementos se encuentran:

  1. Previsibilidad: Ser coherentes en nuestras respuestas y acciones para que niños y niñas se sientan seguros y sepan qué esperar.
  2. Empatía: Escuchar y responder a las emociones de la infancia, poniéndonos en su lugar y validando sus sentimientos.
  3. Relaciones de cuidado: Establecer vínculos afectivos seguros donde el bebé o el infante se sienta comprendido y querido.
  4. Considerar al niño como un ser capaz y autónomo: Reconocer que, aunque un niño o niña no pueda comunicarse verbalmente de manera avanzada, sigue siendo una persona competente y valiosa.
  5. Estar presentes y comprometidos: No solo estar físicamente en el lugar, sino emocionalmente disponibles para el otro, brindando tiempo y atención ininterrumpidos.
  6. Observar y responder de manera sensible: Ser observadores atentos de las necesidades del niño/a y responder de forma apropiada y ajustada a esas necesidades.

Principios para crear un ambiente educativo respetuoso

En este apartado, quiero profundizar en los principios clave que Toni Christie aborda en su libro. Estos principios son esenciales para crear un entorno educativo donde el respeto sea el eje central, un respeto que reconoce al otro como un SER con derechos y libertades.

Además, estos principios proponen que las relaciones humanas deben basarse en este valor mutuo desde las primeras etapas de la vida, ya que estas relaciones tempranas tienen el poder de generar cambios profundos a largo plazo en la sociedad.

A continuación, te voy a compartir cada uno de estos principios, explicados tanto en su dimensión teórica como práctica, para que puedas reflexionar sobre cómo implementarlos o si ya los implementas en tu propio espacio, ya sea educativo o familiar.

Espero que encuentres útil esta reflexión y, como siempre, puedes dejar tus comentarios o preguntas al final del post.


1. Cuidado primario (Primary Caregiving o Key Teacher)

Este principio o incluso enfoque educativo se basa en asignar un/a educador/a clave para un pequeño grupo de niños y niñas, asegurando una relación cercana, individualizada y de confianza. El objetivo es que cada niño/a se sienta valorado y seguro mientras las familias establecen un vínculo sólido con esa figura de referencia. Hablare más de su puesta en práctica en el siguiente post.

¿Cómo se ve en la práctica?

  • Convertir los momentos cotidianos de cuidado, como cambiar el pañal o de alimentación, en oportunidades para establecer una conexión profunda y educativa.
  • Fomentar interacciones uno a uno, asegurando que el bebé, niño o niña reciba atención individualizada sin interrupciones.
  • Mantener una comunicación constante y fluida entre los miembros del equipo educativo para garantizar que el cuidado individualizado (de infantes y familiares) sea consistente, incluso cuando haya cambios de turnos o de equipo educativo.

2. Presencia plena

La presencia no solo implica estar físicamente cerca, sino estar emocional y mentalmente disponible para cada ser enfrente tuyo. Esta presencia plena crea una «base segura» desde donde el niño o la niña puede explorar su entorno con confianza, sabiendo que siempre puede regresar a su figura de referencia cuando lo necesite.

«Siempre que te importe, hazlo con total atención. Si prestas atención a medias todo el tiempo, nunca es atención plena. Los bebés siempre estarán medio hambrientos de atención. Pero si prestas atención plena parte del tiempo, entonces habrás recorrido un largo camino. Eso es lo que yo recomendaría: estar plenamente con un niño y luego dejarle ser.»

(Gerber, 2002, p.7)

«La atención plena está enfocada y no juzga ni etiqueta. Simplemente observa. Cada pequeño detalle… la atención plena te permite estar en el momento presente, exactamente como lo están todos los bebés, todo el tiempo.»

(Brownlee, 2009)

¿Cómo se ve en la práctica?

  • Crear momentos sin prisas, donde las interacciones con infantes sean lentas, serenas y conscientes, permitiéndoles el espacio para expresarse y explorar sin presiones.
  • Modelar movimientos y comportamientos tranquilos y respetuosos, invitando a la infancia a que adopte también un ritmo calmado y respetuoso.
  • Comprender que la calidad de tiempo emocional que compartimos con cada bebé, niño o niña es más importante que la cantidad de tiempo, por lo que es esencial dedicarles tiempo sin distracciones.
  • Por lo menos dedicar unos minutos de calidad al día a cada niño/a cuando se trata de grupos grande, de observación y presencia plena.

3. Observación pacífica sin intervención directa

Responder con sensibilidad a la individualidad de bebés, niños y niñas es fundamental. Debemos verlos como seres capaces y resistir la tentación de hacer demasiado por ellos. En lugar de intervenir de inmediato, debemos darnos el tiempo para observar y ver qué es lo que pueden lograr por sí mismos. Este enfoque fomenta su independencia, confianza y sentido de competencia, permitiéndoles desarrollarse a su propio ritmo. Además nos da la oportunidad de conocer mejor al SER que tenemos delante y responder a sus necesidades de la manera más sintonizada.

Confiar, esperar y observar en lugar de apresurarse a salvarlos o rescatarlos. Brownlee habla sobre la sagrada búsqueda de competencia de un bebé. Esta idea nos invita a reconocer la capacidad inherente de los niños para enfrentar y resolver desafíos por sí mismos, brindándoles el espacio y el tiempo necesarios para desarrollar sus habilidades de manera autónoma.

¿Cómo se ve en la práctica?

  • Respetar la autonomía de los niños, dándoles la oportunidad de tomar decisiones sobre su bienestar, como qué comer o cuándo descansar.
  • Utilizar la observación como una herramienta para entender el lenguaje no verbal de los niños y responder de manera apropiada.
  • Respetar el tiempo y ritmo individual de cada niño, permitiéndoles experimentar y resolver problemas por sí mismos.

4. Comunicación como invitación y explicación

La comunicación respetuosa implica explicar a los niños nuestras acciones, especialmente aquellas que afectan su cuerpo o bienestar. Este enfoque no solo promueve la confianza, sino que también fomenta el desarrollo de la conciencia emocional y corporal en los niños.

¿Cómo se ve en la práctica?

  • Anticipar y explicar nuestras acciones con claridad, por ejemplo: “Voy a levantarte para cambiarte el pañal, ¿estás listo?”
  • Nombrar las emociones para ayudar a los niños a identificar y reflexionar sobre sus propios estados emocionales.
  • Ofrecer opciones reales que empoderen al niño, respetando su capacidad de tomar decisiones.

5. Relaciones lentas

Las relaciones respetuosas requieren tiempo. No podemos apresurarlas ni forzarlas. Este principio nos invita a los adultos a desacelerar, para que podamos alinearnos con el ritmo natural de los niños y fomentar un ambiente donde las interacciones se den de manera más fluida y tranquila. En un tercer post te hablaré más sobre la coregulación del adulto, su capacidad de receptividad y de respuesta ante las señales del bebé o niño/a.

¿Cómo se ve en la práctica?

  • Involucrar a los niños en decisiones cotidianas, brindándoles tiempo suficiente para responder y participar activamente.
  • Evitar imponer el ritmo del adulto, permitiendo que los niños lideren las interacciones a su propio paso.
  • Fomentar una ética de cuidado basada en la empatía, la intuición y el compromiso.


6. Cultura de respeto

El respeto debe ser un valor esencial que atraviese todas las interacciones y prácticas educativas. Este valor abarca la empatía, la atención plena, la previsibilidad y el reconocimiento como seres capaces y competentes de niños y niñas, familias y miembros de tu equipo educativo. Complicado ¿verdad?

¿Cómo se ve en la práctica?

  • Considerar y respetar las perspectivas de quienes te rodean, prestando atención a sus valores, deseos y necesidades.
  • Cultivar un ambiente donde los adultos también se sientan respetados, creando un clima de confianza, sintonía emocional y apoyo mutuo.
  • Desarrollar un enfoque educativo centrado en las relaciones humanas, donde las personas y sus vínculos sean lo más importante.

Reflexión final

¿Es posible aplicar estos principios en tu casa o en tu espacio educativo?

Aunque puede parecer un desafío aplicar todos estos principios, las investigaciones y las experiencias de figuras como Emmi Pikler demuestran que es completamente posible. Desde su trabajo en el centro Lóczy hasta las prácticas que se llevan a cabo en los centros educativos que siguen estas teorías, podemos ver cómo estas prácticas se convierten en pilares de un cuidado respetuoso y transformador.

Para que puedas observar y reflexionar sobre estos principios en tu propia realidad, he confeccionado una tabla que te permitirá registrar tus experiencias y aprendizajes. Espero que te sea útil y que también la compartas con quienes puedan beneficiarse de ella. Descargar tabla de observación y reflexión de principios de relaciones respetuosas.

Si te interesa profundizar más sobre cómo integrar estos principios en diferentes entornos educativos, te invito a explorar nuestro curso online Acompañar los primeros años desde una mirada Pikleriana. De la mano de una gran profesional con años de experiencia en este enfoque respetuoso en el acompañamiento de edades tempranas desde el hogar y desde espacios educativos.

Espero que esta reflexión te inspire a seguir creciendo y generando un entorno educativo más respetuoso, empático y humano.

¡Te leo en comentarios!

Para saber más

ACERCA DEL AUTOR/A DE ESTE ARTÍCULO

Soy Nerea Aller, acompañante infantil y viajera. Con un sueño por delante, compartir mis experiencias visitando proyectos de primera infancia y entrevistando a profesionales con una mirada respetuosa. Quiero vivir junto a ti mis viajes, enriquecer tu mirada e inspirarte a mejorar tu práctica día a día. ¿Te unes?

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