Educar desde la presencia

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Escrito por

Este es un post basado en la traducción del artículo de Pennie Brownlee, reconocida autora neozelandesa, quien me autorizó personalmente a traducirlo para acercar al resto del mundo hispanohablante sus profundas reflexiones.

Se tratan de conclusiones de alguien que ha experimentado y observado de cerca la infancia. Alguien que ha entendido en el acto de educar la importancia de SER y no de hacer constantemente. Como en este acto se produce un intercambio entre corazones pero también de rivalidades entre egos. Saber diferenciar cuando actuamos desde la presencia y cuando desde el ego debería formar parte de nuestro trabajo diario.

Te invito a reflexionar en este acompañar a la infancia (ella hace hincapié en los bebés pero es aplicable a cualquier edad) desde casa o desde espacios educativos.

No olvides dejar en tus comentarios al final del post sobre tus propias reflexiones o sobre cómo puedes llevar sus ideas a la práctica.

¡Allá vamos!

Empezar por la atención plena

Como cualquier otro trabajo, trabajar con niños nos ofrece oportunidades, una tras otra, para aprender cómo podríamos acercarnos más a nuestros corazones.  La primera de ellas está en aprender a dar al niño toda tu atención, especialmente cuando le estás alimentando, cambiando, vistiendo o bañando. Atención plena significa que no hay nada más en tu mente; sin preguntarte cuándo es tu descanso, tu salida con amigos/as, cuál es tu número de la lotería, nada más que atención plena con el bebé o niño/a.

Estar presente es un presente (regalo)

Algunas personas llaman a este tipo de atención una práctica espiritual, y lo es. Es tu espíritu practicando el tipo de atención que viene de la inteligencia de tu corazón. Toda tu atención está enfocada, no juzga ni etiqueta. Solamente es darse cuenta de cada pequeño detalle. Ese tipo de atención te permite responder a lo que es, en lugar de reaccionar a las ideas de tu cabeza. Esta es otra forma de decir que tu atención plena te permite estar en el momento presente, exactamente donde todos los bebés están, todo el tiempo.  Es una reunión de corazones, y el exactamente lo que los bebés recién nacidos necesitan para desarrollar las estructuras biológicas nacientes dentro de su propio cerebro y corazón. 

El poder del ahora

Vivir en el momento presente, o vivir en el ahora, es una práctica espiritual. Eso no significa que sea algo de un mundo mágico, es 100% práctico. Es lo que haces y cómo lo haces. Es algo que tu “ERES”, y que también permite a los bebés SER. Es la danza de una profunda amistad y respeto.
Cuando te ablandas en este profundo respeto con las niñas y niños, aprendes a notar cada pequeña cosa y a confiar en ellas/os. En tu respeto hacia ellos y en ese darse cuenta de los detalles, descubres que los niños/as pueden resolver muchas más cosas desde sus propios recursos internos, mucho más de lo que la mayoría de nosotros le daríamos crédito. 

Nuestra confianza crece con la práctica

Confiar en los niños para que abran su camino a través de la frustración, las emociones y los conflictos, aumenta aún más su confianza.

Nos sentimos más cómodos estando en el momento presente simplemente notando todo lo que está sucediendo. No  significa que seamos indiferentes cuando solamente nos damos cuenta, es sólo que somos lo suficientemente respetuosos como para no ofrecer apoyo hasta que el niño lo necesite. Sé que hay una delgada línea entre cuando suficiente es demasiado, pero los oídos del corazón están exquisitamente sintonizados con esos detalles y te harán saber exactamente cuándo se requiere apoyo. 

¿Ayudando, interfiriendo o apoyando?

Tú y yo sabemos lo frustrante que resulta cuando estamos tratando de hacer algo y no sale bien a la primera y alguien golpea tu hombro diciendo “Oye, lo haré por ti». No se tu pero tengo ganas de golpearlos, lo cual no es muy respetuoso o espiritual, pero deberían confiar en que puedo seguir intentándolo hasta que lo consiga. Y si no puedo conseguirlo, entonces será cuando los llamaré para pedirles su experiencia y apoyo.

Confía en mí, sé lo que estoy haciendo

Es este mismo escenario, los centros/espacios de cuidado infantil nos ofrecen otra oportunidad para ablandar nuestros corazones, pero esta vez con nuestros compañeros/as, no con los bebés. 
Allí estás sintonizado con toda la atención, y tú están confiando en que los bebés sepan qué quieren hacer y cómo quieren hacerlo. Estarás ahí sentada/o en el piso con ellos, residiendo en tu corazón (un estado fisiológico medible llamado coherencia cardíaca), y solo observando, percibiendo. Tus compañeras/os puede parecerle que no estás haciendo nada si no entienden que en realidad estás muy ocupada/o, muy ocupado “siendo», pero no “haciendo”.

Llega el Ego

Aquí es donde entra el ego; el ego de tu compañero/a, y el tuyo también si no tienes mucho cuidado. No tiene nada de malo el ego de per se, es una tarea psicológica desarrollar un ego bueno y fuerte a medida que crecemos.
Habiendo logrado eso, también es útil entender cómo nuestro ego puede causar el conflicto y la separación que es lo opuesto a la coherencia del corazón requerida para que un centro (y las almas en él) prosperen. Al ego le gusta ser «mejor que» y el ego debe estar en lo cierto, porque el ego necesita al «otro» para sobrevivir. Tener razón significa hacer que alguien más se equivoque, por supuesto, y el ego es brillante para hacer que otros se equivoquen.

Deja de vaguear

Para los compañeras/os de profesión cuya idea de ser un «buen trabajador de cuidado infantil» es entretener, interactuar, iniciando, explicando y haciendo, puede ser juzgada/o como vago cuando estás sentada/o allí solo percibiendo. Tu ser (en lugar de hacer) puede hacer que resoplen y resoplen, y luego se muestran aún más ocupados, haciendo saber a todos que al menos están siendo “un/a trabajador/a de cuidado de niños/as competente». Este es el ego resoplando y resoplando, y es subconsciente. Eso significa que está por debajo del nivel de conciencia de su colega, es simplemente una reacción. Tu compañera/o está reaccionando a partir de un montón de ideas (una construcción mental) con la que se identifica; “Soy un buen trabajador de cuidado infantil y buenos trabajadores de cuidado infantil entretienen, interactúan, inician, explican y se mantienen muy muy ocupados”.

Aprende a reconocer el ego cuando lo ves en otros

Con las cejas arqueadas ante tu aparente inactividad, los/as compañeros/as pueden ver como negligente tu falta de intervención cuando un niño maneja conflictos, frustraciones, emociones o ejecuta actos de equilibrio.
El resoplido ahora estará acompañado por ellos precipitándose para tomar casi teatralmente a los/as niños/as y «arreglando» la situación. ¿De qué otra forma te enviarán el mensaje de que tú necesitas renovar tus ideas? Esto es ego otra vez; el ego de tu colega reacciona a sus ideas de un buen y competente educador/a infantil. No es la parte divina de tu compañera/o, y tu trabajo es aprender a reconocer la diferencia. Aprender a ver cuándo tu compañero/a se ha tropezado con el ego y cuándo reside en su corazón. La detección del ego puede ayudarte a aprender a conectar con la bondad de tu corazón a medida que aprendes a diferenciar entre las reacciones egolatras de tus compañeros/as y sus Seres Divinos.

El ego se encuentra con el ego: tus reacciones a sus reacciones

Entonces piensan que eres perezoso y negligente, y ahora sientes que te han ofendido porque has estado siguiendo la práctica más actualizada. Bienvenido a tu ego. Tu ego se ha unido al de ellos, la clásica batalla de lo correcto y lo incorrecto, y ahora tienes razón y están equivocados. Tu ego, como el de ellos, es subconsciente, debajo del radar de tu conciencia. Sin embargo, eso no significa que no puedas reconocerlo. Tú puedes comenzar a aflojar su reactividad destructiva; todo lo que necesita hacer es darte cuenta de lo que está pensando y sintiendo. Es toda esa atención nuevamente, solo que esta vez contigo misma/o. Darse cuenta trae lo inadvertido a tu consciencia, crece tu conciencia y comienza a disolver la estructura destructiva del ego. Eso se llama crecer.

Crecer juntos

Crecer significa dejar de jugar al juego de correcto e incorrecto. Mientras estés seguro/a de corazón de que estás siguiendo la mejor práctica desde tu comprensión, puedes dejar ir tus reacciones a sus reacciones. Puede que tengas que subir tu audífono y ajustar tus lentes a “Solo darse cuenta” de si tu también estás molesta/o resoplando cuando tus compañeras/os continuamente entretienen a los niños, o cuando no confían lo suficiente en los bebés, niños y niñas pequeños como para permitirles encontrar soluciones desde sus propios recursos internos Sí, de hecho, habrá un montón de oportunidades para aprender a ablandar tu corazón en un centro/espacio de primera infancia. Tú podrías decir que ser maestro/a de la primera infancia es un práctica espiritual.

Hasta aquí llega el post de hoy. Espero que este artículo de Pennie Brownlee te haya movido tanto como a mí. Espero tus comentarios al final de la página.

Te dejo también otros artículos de esta autora por si quieres seguir leyendo sus reflexiones (en inglés): Artículos de Pennie Brownlee

ACERCA DEL AUTOR/A DE ESTE ARTÍCULO

Soy Nerea Aller, acompañante infantil y viajera. Con un sueño por delante, compartir mis experiencias visitando proyectos de primera infancia y entrevistando a profesionales con una mirada respetuosa. Quiero vivir junto a ti mis viajes, enriquecer tu mirada e inspirarte a mejorar tu práctica día a día. ¿Te unes?

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Comentarios

  1. Consuelo HepnerConsuelo Hepner dice

    Buenisimo! Cómo siempre Pennie dando Master classes con cada palabra que sale de su boca. Gracias Nerea por traducirlo y acercarlo a todo el mundo hispanohablante. Creo que el tema del ego nos toca a todos, cada día de nuestra vida… Que importante es verlo claramente y actuar con consciencia!
    Cariños desde Chile!

    • Nerea AllerNerea Aller dice

      Gracias a ti Consuelo por leerlo. Que cierto el ego de la educadora le llamábamos en mi escuela. Siempre estaba ahí acechando y creemos por momentos que es el ego de los demás el que actúa solamente. Es un trabajo constante ver desde que lugar nos posicionamos y conectar con ese corazón latente. Abrazos desde el otro lado del Pacífico!

  2. AvatarCarola Kessler dice

    Interesantísimo!!
    Antes
    Ser docente se encontraba en un plano de poder. Somos los que sabemos y transmitimos nuestros saberes.
    Ahora
    Es un encuentro entre dos seres que cada uno tiene su sabiduría.

    El ego muchas veces nos juega una mala pasada y nos hace volver atrás.
    Tanto en la relación con nuestros niños como con nuestras compañeras.

    Ejercitar la atención plena y una gran apertura del corazón
    Es el camino que nos conduce al encuentro de almas sabías!!
    Gracias

    • Nerea AllerNerea Aller dice

      Gracias a ti Carola por el tiempo de leer y compartir tu reflexión. Me encanta como afirmas ese encuentro entre almas sabias. No importa la edad o el lugar de procedencia. Todos tenemos una sabiduría interna que emana cuando uno da el espacio de confianza y respeto. Gracias por escribir.

  3. AvatarMª Elvira dice

    Hola Nerea!
    Qué identificada me he visto con el EGO de la «buena» maestra de Infantil, que no para quieta ni un momento, incitando, interactuando y explicando! Me comprometo a reflexionar y a aprender a «acompañar y a estar presente».
    Mil gracias!

  4. Chiara PavezChiara Pavez dice

    Excelente!! que valioso colocar sobre la mesa estos temas tan fundamentales, pero también un poco escondidos sobre el rol docente o o el papel del adulto que está en frecuente contacto con niños ya sea en la crianza, docencia, etc. Me encanta todo el enfoque le das a la página me siento muy identificada y a la vez aliviada en un mundo que muchas veces nos exigen colocar énfasis en otras cosas… este espacio me consuela 🙂

    • Nerea AllerNerea Aller dice

      Chiara, de verdad me emociona poder ayudarte desde la distancia. Gran parte de lo que soy profesionalmente y personalmente es gracias a ti. Tu eres inspiración de estos temas. Porque son ideas que siempre hablamos (en especial del ego y el tiempo lento). Me reconforta saber que en la otra parte del mundo alguien con experiencia y sabiduría de vida como Pennie Brownlee ha podido dar palabras a nuestra misma opinión. Gracias de corazón por estar siempre apoyando e impulsando nuestros proyectos.

  5. AvatarCristina dice

    Comparto muchas cosas de lo que se dice en este artículo, pero siento la necesidad de decir que teniendo en cuenta las ratios que hay en nuestro país para la escuela 0-3, veo un poco inalcanzable hacer de la manera que se describe en el artículo. Y si, critico a algunas compañeras que confunden filosofía pilckler con «aprovecho para rascarme la barriga» (siento ser tan bruta y cínica). Que tú estés con 19 niños en el baño después de comer, con el momento aseo y preparación para ir a dormir la siesta (cambio de pañales, lavado de dientes, agua por aquí, cepillo de dientes por allá en el retrete, fulanito que moja a citranito, y citranito llora… zutano que se quita el pañal lleno de caca y está esparciendo caca por todas partes mientras tú atiendes la necesidad afectiva de citranito que está llorando… ) y tu compañera está con 1 solo niño, hablándole con calma, todo mimo y dedicación exclusiva a ese único niño, ya en el aula con las camitas preparadas (por otra compañera, claro, a ella esas tareas no le corresponden). Y te dice: «es que tienes prejuicios con el método pickler». Y yo toda agobiada, porque son las 13:50, tengo 19 niños en el baño con aquella estampa y mi turno termina a las 14:00, y necesito salir puntual porque a las 15:00 vuelvo entrar, a otras 4 horas de trabajo… No sé, pero mucha gente se ampara en la filosofía pickler para pasarse por el forro de los ****** el hecho de que muchas veces no podemos trabajar como quisiéramos porque hay unas ratios desorbitadas y unos horario que cumplir y porque si una coge la cuestión con una parsimonia de la leche, la otra se carga enormemente de trabajo. Soy la primera en decir y defender que ser educadora 0-3 requiere una forma de SER y de ESTAR (todo el tiempo), de atención,Ttrato, reconocimiento y respeto por los niños. Que en nuestra etapa y nivel más que en ninguna la pedagogía de los cuidados es lo primero (es lo que nos define como etapa, de hecho). Pero que creo que eso no está reñido (con mucho esfuerzo por nuestra parte) con sacar adelante un trabajo enormemente exigente diario por causa de las ratios desorbitadas. Y que esto no nos permite estar en un aula con un niño en el regazo, o tumbada a su lado, acompañando, observando y conectando entre los dos, porque tienes otros 19 que a lo mejor se están quitando los ojos. No se si me he explicado. Y perdón si no he sabido exponer lo que quiero y, al hacerlo de esta manera, se pueda interpretar que no me gusta lo que he leído en este artículo. Pero, más que en ninguna otra ocasión en mi vida, estoy comprobando que de la teoría a la práctica hay un trecho muy, muy grande.

    • Nerea AllerNerea Aller dice

      Hola Cristina, lo primero darte las gracias por tomarte el tiempo de leer y además reflexionar.
      Por supuesto que hay situaciones muy diferentes en cada caso y he podido comprobarlas en mi propia experiencia. Como bien dices hay mucha distancia entre la realidad y teoría pero si es importante no perderse en lo que los demás hacen y responsabilizarnos de nuestras propias acciones. Cuánto podemos hacer por mejorar la situación que tenemos. Hay días terribles y muy estresantes que no podemos hacer las cosas como querríamos y es totalmente comprensible. Nadie más que nosotras mismas puede entender cuál es nuestra verdadera realidad, qué nos pone tensas en el trabajo o que carga traemos ya de casa. Lo más importante es que tu estés consciente de cómo lo vives y que puedas manejar ese estrés para que no transmitírselo constántemente a l@s niñ@s. Reflexionar, comunicar estas frustraciones al equipo o entorno es una primer paso para pensar en cambios posibles. Así que gracias Cristina de nuevo por compartir tu mirada y situación.

      Espero que hayas podido desahogarte y estamos aquí si lo necesitas. ¡Un cálido saludo!

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