¿Programar o Proyectar?
Hoy quiero invitarte a leer este artículo escrito por Maite Delgado, nueva integrante del equipo de Cultura de Infancia y creadora del curso Seguir el hilo de los proyectos.
En este escrito, Maite nos propone detenernos en una pregunta que muchas veces damos por obvia: ¿es lo mismo programar que proyectar?
Los proyectos, un concepto muy extendido en educación, con múltiples raíces, que aquí toma cuerpo desde su propia experiencia y desde la manera en que lo vivimos en este blog: como una práctica que nace de la escucha, que se sostiene en la observación y que se despliega de forma transversal y holística en ambientes donde el juego autónomo tiene un lugar central.
Te invito a leerlo con calma y tiempo porque te pondrá los pelos de punta con sus potentes mensajes. Porque cuando nos atrevemos a revisar cómo planificamos, también estamos revisando cómo entendemos a la infancia, sus múltiples formas de aprender y nuestra forma de acompañar ese aprendizaje.
Ahora vamos a ello…
¿Es lo mismo programar que proyectar?

Aún recuerdo con mucha claridad mis primeros años como maestra en Argentina. En el profesorado me enseñaron a presentar planificaciones muy detalladas: objetivos claros, actividades ya preestablecidas, tiempos que había que cumplir casi al pie de la letra. La idea era que nada quedara librado al azar. Todo estaba previsto, todo calculado, para que no hubiera espacio para la improvisación.
En el papel, esa manera de planificar parecía darme seguridad. Pero en el aula la realidad era otra. Una y otra vez, los niños y las niñas me mostraban que sus preguntas iban por otro lado. Mientras yo intentaba hablar de los pigmentos naturales, ellos se quedaban impactados con las hormigas que atravesaban el patio. Mientras yo proponía una secuencia de actividades, ellos encontraban interés en una hoja seca, en una conversación espontánea, en una construcción inesperada. Esa tensión me acompañó mucho tiempo: ¿cómo sostener lo que planifico sin perderme lo que realmente importa?
Con los años, y sobre todo con mi acercamiento a la filosofía Reggio Emilia en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, empecé a comprender algo que me cambió profundamente: planificar no tenía que ser sinónimo de cerrar. Descubrí que podía pensar la planificación de otra manera, más abierta, más sensible, más viva. Aprendí a mirar el proyecto no como un plan fijo, sino como un camino que se construye en movimiento, que respira con cada gesto y con cada palabra de los niños y las niñas.
En italiano, esa forma de pensar recibe un nombre hermoso: progettazione. Y es mucho más que un término técnico. La progettazione es la posibilidad de proyectar con lápiz y borrador, con la disposición a escribir y reescribir junto a los niños y niñas, con la valentía de soltar un guion rígido y animarse a entrar en un camino incierto.
La diferencia entre programar y proyectar no es solo conceptual, se siente en el cuerpo. Cuando programo, me centro en lo que está escrito. Cuando proyecto, me dispongo a la aventura. Cuando programo, controlo. Cuando proyecto, me dejo sorprender.
Y este cambio no significa “dejar de planificar”, sino proyectar desde otro lugar: desde la escucha sensible, desde la observación atenta, desde la confianza en que el aula es un espacio vivo que me va a mostrar qué camino seguir.
Proyectar es hablar de un modo distinto de habitar la escuela. No es solo cambiar un formato de planificación, es cambiar la relación con el aprendizaje y con la infancia. Es confiar en que los proyectos nacen de lo cotidiano, que se sostienen en la curiosidad y que se enriquecen con la documentación, esa memoria viva que nos ayuda a interpretar y a relanzar.
Cuando proyectamos la escuela se transforma en un espacio de investigación compartida. La rutina se convierte en un laboratorio, y lo inesperado, en la oportunidad más grande para aprender.



¿Cómo nace un proyecto?
Pensando en todo lo anterior, creo firmemente que los proyectos se hacen realidad cuando algo del mundo les llama la atención a los niños y las niñas, y nosotros, en lugar de imponernos, nos detenemos, escuchamos y acompañamos esa idea inicial para que se transforme en aprendizaje compartido.
Puede haber una pregunta insistente, una conversación que vuelve, una acción que se repite, rastros de un juego prolongado, una sorpresa que desordena lo previsto. En este momento, en vez de tapar ese ruido con la programación, me detengo a escucharlo. Ahí empieza todo. El proyecto emerge cuando esta escucha se convierte en acción.
Un proyecto nace del encuentro entre una idea y una actitud de escucha que la transforma en camino compartido. Mi tarea como maestra no es “inventar temas”, sino reconocer señales, dar contexto y cuidar el proceso para que esa curiosidad tenga tiempo, materiales y lenguajes para crecer. Ahí, el proyecto deja de ser una lista de actividades y se vuelve vida de aula.
Observar, interpretar y relanzar un proyecto
En mi experiencia, los proyectos crecen cuando nos animamos a combinarlos a nuevas formas de expresión. Un mismo interés puede expandirse si lo miramos desde distintos lenguajes expresivos: el dibujo, la construcción, la música, la palabra, la fotografía, la experimentación científica, las hipótesis, entre otros. Cada lenguaje aporta una mirada distinta, un camino más para profundizar en lo que los niños y las niñas están interesados en aprender.
Los ambientes juegan un papel clave acá también. A veces basta con movernos de lugar para que un proyecto se revitalice: salir al patio, rediseñar la propuesta, llevar los materiales a otro espacio de la escuela o incluso abrirnos al barrio. El cambio de escenario provoca nuevas preguntas y nos devuelve nuevos aprendizajes.Si querés profundizar podés leer el artículo “El ambiente como tercer educador” del blog de Cultura de infancia.
La observación es el punto de partida de un proyecto. No es solo “mirar”, es entrenar la sensibilidad para registrar gestos, palabras, silencios, elecciones de materiales, atmósferas. Es tomar nota, hacer fotos, grabar un diálogo, detenerse en esos detalles que muchas veces se nos escapan en la rutina diaria.
La observación por sí sola no alcanza: necesitamos detenernos a pensar qué significan esas acciones, o sea interpretar. ¿Qué sustento teórico se esconde detrás de una pregunta? ¿Qué hipótesis hay en ese dibujo? ¿Qué emoción sostiene esa elección? Aquí la documentación es nuestra aliada: nos devuelve la escena y nos permite leerla con otros ojos, compartirla con el equipo y descubrir sentidos que solos no veríamos.
Y relanzar no es repetir lo mismo ni tampoco cambiar de tema. Relanzar significa ofrecer nuevas posibilidades para que el proyecto siga vivo. Puede ser una pregunta abierta que desafíe, un material diferente que invite a probar otra perspectiva, un cambio en el espacio, la participación de un “experto”, o simplemente dar tiempo para que los niños y las niñas vuelvan sobre lo que hicieron con mayor profundidad.
En síntesis: El ciclo Observar → Interpretar → Relanzar nos recuerda que un proyecto nunca se escribe de una sola vez. Se escribe, se borra, se reescribe y se amplifica. Y en cada vuelta de este ciclo, el aprendizaje se hace más profundo y más compartido.
Para saber más
Si este artículo te hizo replantearte tu manera de planificar o si sientes el deseo de profundizar en cómo acompañar proyectos vivos en el aula, te invito a seguir explorando el curso Seguir el hilo de los proyectos (está a punto de salir a la luz).
En este curso del Aula Virtual Transforma-te, Maite profundiza en esta mirada y comparte herramientas concretas para observar, interpretar y relanzar procesos de aprendizaje con mayor conciencia y sensibilidad. En el link podrás inscribirte a la lista de espera para estar al día cuando abra de nuevo sus puertas.
Ahora nos gustaría leerte a ti en comentarios.
- ¿Cómo entiendes tú los proyectos en tu práctica cotidiana?
- ¿Qué estás realizando ya en tu espacio educativo?
- ¿Qué te cuesta todavía poner en práctica en relación a este tema?


Hola, he tenido la oportunidad de conocer a Mai, el trabajo que ella hace es inspirador. Hago preámbulos inimaginables que incitan a la creación al pensamiento y al a reivindicación gracias a su guía . La inspiración surge de inmediato al repensar la propuesta hacia una infancia que solo espera ser asombrada y estar llena de significado. Agradezco mucho seguir aprendiendo de ella.
Gracias Clau❤️. Yo también aprendo junto a vos y con el equipo que sos parte. Creo firmemente que la mirada compartida es la que nos hace avanzar hacia una mejor educación.