Hoy quiero invitarte a reflexionar sobre este concepto tan escuchado en el juego en el exterior y en la naturaleza pero que también puede llevarse a situaciones cotidianas: el juego de riesgo (traducido del término inglés risky play).
Se trata de un artículo que nos lleva al corazón de nuestra práctica de acompañamiento de la infancia. Nos invita a comprobar si realmente confiamos en el poder formativo del juego como preparación para la vida, y en las capacidades innatas de los niños y niñas para elegir lo que necesitan.
Y es que, a menudo, cuando escuchamos “juego de riesgo”, pensamos automáticamente en peligro, en algo a evitar.
¿Pero y si te dijera que el juego con riesgo es, en realidad, una puerta indispensable al desarrollo de la resiliencia, la confianza y la autonomía en la infancia?
Por eso hoy quiero ayudarte a comprender mejor este concepto, cómo llevarlo a la práctica y cómo acompañarlo de una manera consciente y respetuosa, tanto en la escuela como en casa.
Vamos a ello…
¿Qué es el juego de riesgo y por qué es importante?

“Trepar a un árbol es para un niño descubrir un mundo nuevo”. (Friedrich Frobel) Mairtown Kindy
El juego de riesgo («risky play») es aquel que implica incertidumbre, exploración física y emocional, y la posibilidad de pequeños errores o caídas sin consecuencias graves. No se trata de poner en peligro a los niños y niñas, sino de permitirles experimentar desafíos reales para que descubran lo que son capaces de hacer por sí mismos.
Desde la primera infancia, este tipo de juego construye juicio propio, regula el miedo, desarrolla habilidades motrices y cultiva una autoestima segura que les acompañará el resto de sus vidas.
Por eso: Acompañar este tipo de juego desde una actitud de confianza y presencia es un acto profundo de respeto.
Las 6 categorías del juego de riesgo
Según Ellen Beate Hansen Sandseter, investigadora noruega, se puede identificar seis tipos de experiencias que forman parte del juego con riesgo:
- Juego con gran altura: trepar árboles, subirse a estructuras altas, caminar por troncos o muros bajos.
- Juego a gran velocidad: correr colina abajo, lanzarse en bicicleta, rodar por el césped.
- Uso de herramientas peligrosas: martillos, sierras, cuchillos de cocina, cuerdas, tijeras reales.
- Juego cerca de elementos peligrosos: fuego, agua, barro profundo, zonas con desniveles marcados.
- Juego brusco: luchas amistosas, saltar desde alturas, empujarse en juegos de confianza.
- Juego fuera de la vista del adulto: explorar un rincón del jardín solos, esconderse, desaparecer unos minutos.
Investigaciones posteriores que exploraron este tipo de juego en niños de 1 a 3 años identificaron categorías adicionales. Reconociendo que los equipos y entornos que se suelen proporcionar a los niños de esta edad pueden resultar en una exposición limitada a las categorías de riesgo objetivo descritas anteriormente, ya que los niños experimentan principalmente riesgo subjetivo. Estas incluyen:
- Juego con impacto: lanzarse sobre colchones o cojines, estrellar bicicletas contra paredes.
- Riesgo vicario: observar a otros participando en juegos arriesgados.
- Juego con elementos peligrosos: comparten rasgos del riesgo objetivo, como altura o velocidad, pero sin alcanzar un nivel que implique lesión física.
Cada una de estas categorías fortalece habilidades distintas y contribuye a la construcción de una identidad segura, creativa y resiliente. Además de ayudar a activar el aprendizaje con todos los sentidos y la conciencia del cuerpo en el entorno. Al fin y al cabo lo que estamos buscando lograr en cada una de las personas que acompañamos.
«No permitir la toma de riesgos en la primera infancia es como no permitir que los niños usen crayones. Tomar riesgos físicos es simplemente practicar la elección y el aprendizaje del uso del cuerpo en relación con el entorno. Es como cualquier otro tipo de aprendizaje y es una necesidad para que todo niño aprenda y crezca.»
Kristen RB Peterson
¿Cómo acompañar el juego de riesgo sin interrumpirlo?
Acompañar no es controlar. Tampoco es desentenderse o soltar sin sostener. Es estar presentes, observando, leyendo las señales, con la calma de quien confía.
Aquí algunas claves para acompañar este tipo de juego tanto en casa como en la escuela:
- Observar sin juicio. Antes de intervenir, respira y observa. ¿Qué está aprendiendo? ¿Cómo está resolviendo la situación?
- Estar presentes sin controlar. Tu presencia es una red invisible que les da confianza. No necesitas dirigir, solo estar disponible y ser un observador presente.
- Confiar en sus capacidades. A veces sabemos que pueden hacerlo, pero nuestro miedo nos hace dudar. Ellos sienten esa desconfianza. ¡Confiar también se practica!
- Nombrar los riesgos sin infundir miedo. Frases como “Veo que estás muy alto, ¿cómo te sientes ahí?” ayudan a que tomen conciencia sin interrumpir el proceso.
- Poner límites seguros sin sobreproteger. No todo vale, pero no todo riesgo es peligro. Nuestro rol es gestionar y evaluar los peligros, su rol es explorar los propios riesgos.
- Modelar calma, no miedo. Si algo nos preocupa, podemos acercarnos, estar atentos, pero sin alarmismo. Nuestro tono importa.
- Celebrar el esfuerzo y la valentía, no solo los resultados. “Te has atrevido a subir hasta ahí, ¿cómo te sientes?” vale más que “¡Bien! Lo lograste” que puede ser un alago carente de información.
- Compartir nuestras propias historias. Recordar una caída, una aventura, un error… les puede conectar con lo humano del proceso y reconocer en otros el error como aprendizaje.
Escuchar nuestras emociones para acompañar mejor
Cada persona adulta tiene aprensión a cosas diferentes, muchas veces ligadas a su propia historia de vida. Puede que una acompañante se sienta tranquila con los juegos en altura, pero más tensa ante conflictos entre pares. Otra, en cambio, puede sostener con calma la exploración con fuego o herramientas, pero sentir inquietud ante el juego brusco o con agua.
Reconocer nuestros propios miedos no es una debilidad, es una fortaleza. Hacerlos conscientes y hablar de ellos con el equipo o en casa nos permite actuar desde la presencia y no desde la reacción automática. También podemos delegar la observación o el acompañamiento, cuando sea necesario, en otra persona que se sienta más preparada en ese momento.
El juego de riesgo es también una oportunidad para que las personas adultas crezcamos en confianza, conexión y comunidad.
¿Qué ambientes fomentan el juego de riesgo?
Diseñar espacios que inviten a explorar es una forma activa de confiar. Uno de los factores clave para permitir que los niños asuman riesgos calculados es el tipo de entorno exterior que ofrecemos. Los entornos que promueven este tipo de juego suelen incluir una diversidad de elementos naturales y manufacturados que permiten diferentes tipos de exploración, equilibrio, velocidad y desafío:
- Material no estructurado (loose parts): palos, cuerdas, piedras, tubos, telas grandes, ruedas, tablas.
- Terreno desigual: cuestas suaves, troncos para caminar, diferentes niveles de altura.
- Materiales naturales: tierra, agua, arena, fuego, hojas, barro, serrín, corteza, graba.
- Equipamientos fijos o móviles, naturales o manufacturados, como árboles, rocas, montículos, estructuras o troncos que permitan trepar o saltar desde diferentes alturas.
- Superficies inclinadas que permitan deslizarse, rodar, correr, montar en bici o experimentar velocidad.
- Elementos que generan inestabilidad como puentes colgantes, escaleras de cuerda o superficies irregulares.
- Columpios tradicionales o improvisados (neumáticos o cuerdas colgando de árboles), ramas que puedan agarrarse para balancearse.
- Toboganes de distintas pendientes para variar la sensación de velocidad. Pueden aprovecharse desniveles del mismo terreno.
- Herramientas reales como martillos, sierras o taladros manuales.
- Espacios escondidos o apartados que ofrezcan una sensación de privacidad o de estar fuera de la mirada del adulto.
- Elementos naturales como lechos de ríos secos con piedras resbaladizas o agua para bombear que desafían la planificación, la observación y la resolución de problemas. Estos espacios permiten, por ejemplo, construir puentes, rampas o estructuras temporales con madera suelta y otros materiales.
En estos espacios, el entorno no solo apoya el juego, sino que invita a la experimentación, a la evaluación de riesgos, al diseño y ajuste de estrategias, o al trabajo en equipo, fomentando un aprendizaje integral para la vida.
10 cosas que decir en vez de “¡Ten cuidado!”
Promover una CULTURA DEL SÍ en lugar del “¡cuidado!” constante, cambia la experiencia del juego. El “sí” no significa todo vale, significa: “sí, podemos encontrar la forma”. Se trata de construir una mirada que parte de la confianza, no del miedo. Una actitud que invita a explorar en lugar de limitar, que propone posibilidades en lugar de restricciones.
Esta cultura no nace de la permisividad, sino del respeto profundo por el proceso de aprendizaje de los niños y niñas. Requiere ajustar nuestros entornos y nuestro lenguaje, sí, pero sobre todo nuestros marcos mentales. Implica dejar de ver el error como algo que hay que evitar a toda costa y empezar a verlo como una fuente de descubrimiento y crecimiento. También requiere que las personas adultas nos entrenemos en la observación, la pausa y el diálogo, para responder desde la presencia y no desde la reacción. Puedes leer más en el artículo La observación, una forma de estar presente.
Una cultura del sí es una pedagogía del permiso, la escucha y la apertura. Es el suelo fértil donde florece la resiliencia, la creatividad y el juicio propio.
Cambiar un lenguaje basado en el miedo por uno que promueva el pensamiento crítico y la confianza es fundamental. Aquí algunas alternativas (algunas compartidas por Little Kiwis Nature Play):
- ¿Cuál es tu plan para subir o bajar?
- ¿Te sientes estable ahí?
- ¿Dónde pondrás tus manos y pies después?
- ¿Cuál es tu plan de respaldo si no funciona?
- ¿Es eso lo más lejos que te sientes seguro/a de ir?
- Estoy aquí si me necesitas.
- Mira tu entorno, ¿hay algo que podrías mover para hacerlo más fácil?
- ¿Qué harías diferente la próxima vez?
- Me doy cuenta de que estás pensando mucho en cómo hacerlo.
- ¡Confío en tu juicio!
«Los niños están predispuestos a la exploración. Cuando confiamos en que asuman riesgos saludables, les proporcionamos herramientas para la resiliencia que les servirán de por vida.«
Celia Hogan
Reflexión final
El juego de riesgo no solo se trata de ofrecer oportunidades para que los niños y niñas exploren sus límites, sino también de acompañarlos con presencia, confianza y respeto. Cada desafío, ya sea físico, emocional o social, es una oportunidad para que se descubran a sí mismos y para que aprendan a gestionar sus propios riesgos.
Como adultos, nuestra labor es crear espacios seguros y permitir que se enfrenten a la incertidumbre, confiando en sus capacidades innatas. En ese proceso, también crecemos como acompañantes, aprendiendo a soltar el miedo y a abrazar la confianza en el potencial de cada niño y niña.
¿Cómo acompañas tú el juego de riesgo en tu entorno? ¿Qué desafíos has observado en los niños y niñas que acompañas? Y, sobre todo, ¿cómo puedes empezar a cambiar tu lenguaje y actitud para fomentar una cultura del «sí» en lugar del «ten cuidado»? ¡Te leo en comentarios!
Si te interesa profundizar más sobre cómo integrar esta mirada del juego en diferentes entornos educativos, te invito a explorar nuestro curso online Transformar el ambiente de Aprendizaje que está a punto de sacar a la luz una nueva versión. En él descubriremos otra forma de mirar el ambiente interior y exterior, de personas y espacios. En el link podrás inscribirte a la lista de espera para estar al día cuando abra de nuevo sus puertas.
Mientras te leo en comentarios.
Para saber más
Libros:
- Balanced and Barefoot – Angela Hanscom (Inglés)
- Adventures in Risky Play – Rusty Keeler (Inglés)
- Educar en la naturaleza – Katia Hueso (Español)
- Los últimos niños en el bosque – Richard Louv (Español)
- El niño bien equilibrado – Sally Goddard Blythe (Español)
- Fascination of Water: Puddles – Dr Claire Warden (Inglés)
- Forest School and Outdoor Learning in the Early Years – Sarah Knight (Inglés)
- Risky Play: An ethical challenge – Øyvind Kvalnes & Ellen Beate Hansen Sandseter (Descarga del libro en Inglés)
Webs y artículos:
- Promoting children’s risky play in outdoor learning environments (The Education Hub – Nueva Zelanda)
- How can tree climbing be valuable learning? (Mairtown Kindergarten – Nueva Zelanda)
- 6 benefits of wrestling and roughhousing for kids (Real Red Riding Hoods – USA)
- Tierra en las manos (España)
- Little Kiwis Nature Play (Nueva Zelanda)
- Nature Play – 5 steps for the observer (Inglaterra)


