¿Imitas o creas? El mal de las metodologías educativas

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Para dar inicio a este 2020 quiero compartir contigo un post más reflexivo. Una idea que ha rondado en mi cabeza durante este último año.

Ahora bien, mi intención con este post no es herir tus creencias ni modificar tus convicciones. Sino darte una bocanada de aire si te sientes forzada/o a seguir un solo camino, al igual que me sucedió a mi, o si te sientes incómoda/o siguiendo lo que otros te dicen que ha de ser.

Si este es tu caso (que seguro algunas convicciones ya debes tener sobre cómo debería ser la educación) te invito a reflexionar conmigo.

¿Te animas?

Me tildaba de reggiana

He pecado de reggiana, de pikleriana, de educadora alternativa o de pedagoga libertaria. He pecado criticando a otras metodologías o formas de educar, por verlas distintas a la mía. Creyendo siempre que lo que yo hacía era lo mejor. Estaba segura de que sabía más que los demás y que los libros que leía eran la máxima verdad.

A raíz de trabajar en Nueva Zelanda con profesionales de culturas y con experiencias tan distintas a la mía, he entendido que no podía cerrarme a un único ideal.

Con el tiempo me fui dando cuenta que también podía aprender de profesionales que actuaban de una forma tan distinta a la mía. Que no era bueno o malo, blanco o negro. Quizás trabajaban desde una actuación más autoritaria o directiva pero desde una mirada llena de amor y una vida llena de experiencias de ensayo y error.

De estos profesionales y centros educativos aprendí sobre comunicación, sobre orden, sobre acción en la práctica o sobre cuidados diarios. Cada día veía algo nuevo de lo que aprender y disminuía con ello mis prejuicios. Empecé a comprender que todas las personas actúan de la mejor forma que saben y que tienen sus motivos para hacerlo de esa manera y no de otra. Seguramente han leído distintos libros, asistido a otros cursos o simplemente vivido otras experiencias.

Lo que nos separa

Últimamente he descubierto cómo nos dedicamos a separarnos profesionalmente con la palabra metodología o método (esta es la forma y así se hace) ¿Qué metodología sigues? ¿Cómo lo hacen en escuelas Reggio Emilia, Montessori, Waldorf, Pikler, escuelas bosque, etc? Y he querido encontrar una mirada más colaborativa dentro de la gran gama de profesionales y proyectos educativos que existen hoy en día.

Para empezar todas estas teorías educativas «alternativas» parten de unos referentes (Montessori, Waldorf, Freinet, Malaguzzi, Neill, Dewey y un sinfín etc.) que adaptaron sus investigaciones a las necesidades de la realidad social y cultural de su tiempo.

Aunque muchos desafíos siguen siendo los mismos a aquellos días (aulas masificadas, juego dirigido, transmisión de conocimiento desde la tarima) es imposible cortar y pegar sus ideas al dedillo, ya que nuestra realidad es completamente distinta.

También podemos caer en el error de transformas sus teorías del pasado en manuales de actuación que copiamos sin cuestionar y que nos llevan a enemistarnos con todo lo que resulta distinto.

Y ¿cómo podemos liberarnos de este mal de las metodologías, del egocentrismo teórico o de mi método es el mejor? ¿Cómo podemos llegar a una comprensión mutua y a un intercambio entre teorías y profesionales?

Creo que nos ayudaría empezar a hablar más de filosofías o teorías con principios e ideas de las que aprender, más que de metodologías con mandatos y directrices que imitar.

Cuando hablamos de filosofías o teorías estamos abriendo la puerta a la evolución, a la divergencia y la integración de unas ideas con otras.

Lo que nos une

Todos/as los/as referentes nombrados anteriormente compartían una profunda creencia en las capacidades naturales de la infancia y una intención real de comprender el desarrollo y aprendizaje humano.

Summerhill – A. S. Neill

Buscaron según su experiencia la mejor manera de adaptarse a esos hallazgos que realizaban, creyeron ser revolucionarios y lo eran, en parte. Desde la antigua Grecia o desde los maestros de oriente, se han observado las mejores formas de aprender y enseñar. Ha habido cientos de métodos y escuelas. Pero seguimos cerrando el foco, cerrándonos de miras. Viendo lo que nos separa en vez de ver lo que nos une.

Si nos centráramos en mirar realmente cómo es la infancia, qué quiere y qué espera del adulto, del mundo, nos daremos cuenta que es transversal a cualquier corriente pedagógica.

Creo necesario que conozcas a distintos referentes, apoyarte en sus afirmaciones e investigaciones, pero sin olvidar que tú también eres un/a investigador/a y que por tanto puedes crear tu propia forma de hacer, de educar. Puedes seguir ampliando aquellas teorías que un día otros empezaron y encontrar la forma de educar que mejor se adapte a ti, a las/os niñas/os y familias que acompañas. 

Transita tu propio camino

Cuando respetes tu esencia, cumplirás con gozo y aceptación con aquello que decidas, porque lo harás desde la libertad, o, por el contrario, no lo harás, porque sabrás que cualquier opción que adoptes en la vida es perfecta siempre que te haga sentir bien y que no le genere ningún daño a nadie. Si no te hace sentir bien, no merece la pena.

Vivir con abundancia, Sergio Fernández

No digo que esté mal seguir a Montessori, Malaguzzi, Steiner, Aucouturier, Freinet o Piaget.  Al igual que un pintor o escritor contemporáneo primero observa a los clásicos antes de buscar su propio camino. Puedes admirar sus obras e incluso intentar imitarlas. Pero no pierdas tus convicciones por seguir una corriente a ciegas; nada está cerrado, todo puede prosperar, mejorar, fluctuar.  Puedes llegar a conectar ideas aparentemente desconectadas, mirar dónde alguien no se ha parado aún a mirar. 

Dejemos de copiar, de interpretar papeles como si fuéramos actores de teatro y sincerémonos. Las/os niñas/os no son tan ingenuos y lo primero que sienten es nuestro nerviosismo cuándo nos forzamos a cumplir un guión, cuándo nos exigimos ser quienes no somos aún. Este es un proceso de aprendizaje que lleva tiempo y mucho ensayo y error.

Pierde el miedo a buscar y encontrar qué quieres ser y cómo quieres hacerlo. Sigue tu intuición a la luz de la teoría. Así que si es tu caso, si te sientes forzado/a a hacer algo que no está es ti, que no resuena contigo, deséchalo. Deja de imitar  lo que estipularon aquellos grandes y queridos héroes de otro tiempo, de otra realidad. Y planta las mejores de sus semillas en ti para que florezca tu propia cosecha.

¡Qué viva la propia cosecha pedagógica: bien autosustentable, ecológica y autóctona!

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ACERCA DEL AUTOR/A DE ESTE ARTÍCULO

Soy Nerea Aller, acompañante infantil y viajera. Con un sueño por delante, compartir mis experiencias visitando proyectos de primera infancia y entrevistando a profesionales con una mirada respetuosa. Quiero vivir junto a ti mis viajes, enriquecer tu mirada e inspirarte a mejorar tu práctica día a día. ¿Te unes?

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Comentarios

  1. ChiariChiari dice

    Toda la razón, finalmente además de buscar lo que nos haga sentir bien, es importante buscar lo que a ellos (niños y niñas) les ayude a crecer, dejar de lado las necesidades adultas para enfocarse en las necesidades de los niños de hoy y como podemos construir juntos belleza y amor 🙂 es por eso que es bueno abrirse a nuevos caminos, sin rechazar los ya recorridos…un abrazo 🙂

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