Escuchar, sentir y vivir la poesía desde la infancia

Infancia_poesia

Escrito por

José Federico Barcelona

Cómo no emocionarme al presentar este artículo. Fue una sorpresa para mi cuando Federico (Fede) se puso en contacto conmigo y me hablo desde lo más profundo del corazón, desde esos años dedicados a la infancia y desde la voz escrita que no quiere callar o que la acallen.

Un educador en un mundo donde el género aún parece importar cuando hablamos de profesionales que acompañan bebés, niñas y niños; un defensor de un arte casi olvidado en estas edades tempranas como es la poesía.

Qué mejor yunta y qué mejor regalo, desde Cultura de Infancia, que poder abrir este espacio de difusión a esos géneros, humano y literario, tan poco considerados en la educación de la infancia.

Aquí te dejo con un breve recorrido profesional y una profunda reflexión de nuestro invitado de hoy.

Deléitate con su narración desde la mente y, sobre todo, ¡desde el corazón!

Comentario biográfico

Mi nombre es José Federico Barcelona Martínez. Tengo 63 años, estoy jubilado, y durante toda mi vida laboral profesional he sido educador en las Escuelas Infantiles Municipales de Granada, que siguen creyendo y mantienen 0-6 como etapa educativa.

El artículo que amablemente publica “Cultura de Infancia” no relata una experiencia concreta, precisa, acotada. Más bien destila algo, un apunte de mi experiencia. Me centro en la poesía porque, como mi propia experiencia (la de un varón en un universo extraño a los hombres), la poesía es algo «raro» que no se termina de ver ni entender en las edades más tempranas. Creo que la lectura de buenos textos literarios (no solo poesía) por parte de las educadoras y educadores a niños y niñas de infantil, constituye una experiencia insustituible para ayudar a que el conocimiento y la emoción convivan y caminen hermanados en cada criatura.

Una introducción a las Escuelas Infantiles Municipales de Granada

Antes de dar dos brochazos autobiográficos, me siento obligado a destacar la importancia de estas Escuelas Infantiles (antes Patronato Municipal de Educación Infantil, ahora Fundación Granada Educa) en la vida social y educativa de Granada como referentes de una labor educativa de calidad destacadísima en España e incluso el extranjero. Las Escuelas nacieron en 1980 bajo la inspiración y pujanza de los movimientos de renovación pedagógica, y evolucionaron con los atributos de una excelencia y capacidad de adaptación y crítica en el universo de la educación infantil excepcional. Sus nombres son Arlequín, Belén, Duende y Luna.

Escuela Infantil Municipal Arlequín, Granada

Cíclicamente, a lo largo de estos cuarenta años, su existencia se ha visto amenazada por algunos gobiernos municipales poco persuadidos de la importancia de una enseñanza basada en el respeto y consideración de niños y niñas como interlocutores activos con su mundo y las personas, en la confianza en sus capacidades y desarrollo autónomo, en su protagonismo fundamental en su aprendizaje, en la participación democrática de las familias en la escuela, y en conexión de esta con la realidad social donde está enclavada. Hoy, en estos días, también sufren esa amenaza.  

Brochazos autobiográficos

Mi experiencia personal se ha formado, desplegado y es deudora de este proyecto educativo, y su singularidad es una gota en el agua de la laguna de estas escuelas. Es cierto que no hay muchos hombres dedicados a una profesión y vocación que, en general, nuestras sociedades ven como «natural» de mujeres. Aún más en el ciclo de 0 a 3 años, donde yo he pasado he toda mi vida profesional. Estoy seguro de que, además de mi inclinación sentimental por los más pequeños, si no hubiera existido el apoyo de algunas de mis compañeras en momentos clave ante las familias, educar y cuidar de niños y niñas de un año y, sobre todo, de bebés de pocos meses habría sido imposible.

Mi primera relación con este mundo datan de finales de la década de 1970, cuando empecé a cuidar a hijas e hijos de enfermeras en sus noches de turno, con el único fin de ayudarme en los estudios universitarios. Con el tiempo, Biología se desenganchó de mi vida y me dediqué plenamente a la educación infantil. 

Después de mi jubilación he vuelto a mi antigua escuela, Arlequín, para hacer lecturas diversas, al igual que en colegios de primaria e, incluso, en institutos, en la creencia de que la lectura en voz alta es una actividad que puede llegar a influir de forma determinante en la educación.

Escuchar, sentir y vivir la poesía desde la infancia

Jugar con la poesía

Mi experiencia de educador, me ha enseñado que el juego con la poesía ha sido una de las prácticas más gozosas e inteligentes.

Me acabo de referir a la poesía dirigida a niños y niñas pequeñas como juego, y la he calificado de actividad gozosa e inteligente con toda la precisión de la que soy capaz. En las edades tempranas el mundo es conocido y aprehendido a través del juego, casi nadie discute eso ya. Y el juego infantil corretea siempre por senderos de gozo.

Una criatura goza cuando juega: se emociona, se enternece, se concentra y se abstrae, se excita y palpita, se conmueve y se impresiona, se divierte, ríe y se apena. Y en ese infinito recorrido plagado de bifurcaciones y elecciones, de vastos caminos fáciles de andar y de recovecos y rodeos arduos o delicados de superar, se produce el conocimiento y se educa la inteligencia.

El conocimiento está cosido a la sensibilidad y la emoción como las mangas al cuerpo de una camisa. Si esto es cierto, lo es mucho más en las precoces edades del aprendizaje infantil:

Suscitar emociones en las escuelas no es una cuestión moral, sino intelectual. No es que haya que conmover a los niños porque sean seres humanos, y además pequeños, sino porque son seres pensantes. Su concepción de las cosas y sus razonamientos van a estar siempre condicionados por sus experiencias emocionales: la expectación, la alegría, el asombro, la pena, el miedo. ¿Los poemas escuchados, memorizados, repetidos, sentidos, pensados… no los preparan acaso para abordar con pasión el conocimiento del mundo?

Juan Mata, Andrea Villarrubia, Revista In-fan-cia nº88

¿Existe la poesía para niños y niñas?

No debemos incurrir en la torpeza de creer que la poesía es algo difícil para los niños y niñas, ni considerar la poesía que debemos leer a los pequeños o, peor, que pueden entender, como poesía infantil. Con ser cierto que quien la escribe puede pensar solo en ellos cuando lo hace, incluso dirigirla explícitamente a ellos (y se pueden citar magníficos ejemplos, como Gloria Fuertes o María Elena Walsh), es inagotable la poesía que, sin ser escrita particularmente para pequeñas edades, se despliega en la mente infantil como un universo chispeante de palabras mágicas, de musicalidad, de ritmo y rima, de gracia, de expresividad, de imágenes, evocación y sensibilidad, de imaginación y descubrimiento, de precisión y comparación, de afinidad emocional… En definitiva, de percepción y entendimiento inteligente del mundo. Como para cualquier adulto.

No cabe duda de que la labor de quienes educamos (o hemos educado) debe estar apoyada en una didáctica, pero desfigurar la necesaria y sutil finalidad de la educación hasta un didactismo férreo, superficial y ñoño sería grotesco, necio y contraproducente.

Quienes educan inteligentemente en estas edades menudas, ya comprenden la importancia de tener en cuenta el desarrollo cognitivo para escoger unos versos, para situar el contexto y elegir un momento apropiado, para recrear un ambiente que acompañe, saben de los movimientos corporales y las expresiones faciales, del papel de la voz y sus tonos, así como del sosiego o la expectación que acompaña al silencio…

Más allá de este tipo de maestrías, tener como propósito de la lectura de poesía durante la infancia alguna suerte de adiestramiento moral, o cumplir una formalidad lingüística o un objetivo de aprendizaje reglamentado, es, a mi juicio, un error.

Toda esta defensa y recomendación de lectura de poesía a niñas y niños pequeños, viene porque hace poco se interpusieron ante mi vista unos versos de Lope de Vega (seguramente inspirados en una fábula de Esopo), contenidos en la comedia “La esclava de su galán”, que son tenidos como un poema de Lope para niños. Dice así:

Juntáronse los ratones / para librarse del gato; / y después de largo rato / de disputas y opiniones, / dijeron que acertarían / en ponerle un cascabel, / que andando el gato con él, / librarse mejor podrían. / Salió un ratón barbicano, / colilargo, hociquirromo / y encrespando el grueso lomo, / dijo al senado romano, / después de hablar culto un rato: / ¿Quién de todos ha de ser / el que se atreva a poner / ese cascabel al gato?

¿Quién podría decir que es una poesía para niños con semejante narrativa irónica, y con un desenlace que diariamente está en boca de adultos para referirse a situaciones que entrañan peligro resolver o son difíciles de afrontar?

¿Cómo diferenciar o definir la vocación de tantos versos de Federico García Lorca? ¿Estuvieron escritos para niños o fueron inspirados por la fantasía y el adorable rizo infantil del alma del poeta (infantil y fantasía, palabras hermanas)?:

Tan, tan. / ¿Quién es? / El Otoño otra vez / ¿Qué quiere el Otoño? / El frescor de tu sien / No te lo quiero dar / Yo te lo quiero quitar / Tan, tan. / ¿Quién es? / El Otoño otra vez.

Me han traído una caracola. / Dentro le canta / un mar de mapa. / Mi corazón / se llena de agua / con pececillos / de sombra y plata. / Me han traído una caracola.

El lagarto está llorando. / La lagarta está llorando. / El lagarto y la lagarta con delantalitos blancos. / Han perdido sin querer su anillo de desposados. / ¡Ay! su anillito de plomo, / ¡ay! su anillito plomado / Un cielo grande y sin gente / monta en su globo a los pájaros. / El sol, capitán redondo, / lleva un chaleco de raso. / ¡Miradlos qué viejos son! / ¡Qué viejos son los lagartos! / ¡Ay, cómo lloran y lloran! / ¡Ay, ay, cómo están llorando!

Los niños sentados / escuchan un cuento. / El río traía / coronas de viento / y una gran serpiente / desde un tronco viejo / miraba las nubes / redondas del cielo. / Niño mío chico / ¿donde estás? / Te siento / en el corazón / y no es verdad. / Lejos esperas que yo saque / tu alma del silencio / Caracoles grandes. / Caracoles negros.

¿Cómo mejorar la experiencia didáctica y sentimental de la llegada de la primavera?, ¿dónde encasillar la elegancia del lenguaje sencillo, natural y transparente de tantas poesías de Antonio Machado cómo poesía para niños?:

La primavera ha venido / nadie sabe cómo ha sido. / Ha despertado la rama / y el almendro ha florecido / y en el campo se escuchaba / el gri gri del grillo. / La primavera ha venido / nadie sabe como ha sido.

Mientras danzáis en corro, / niñas, cantad: / Ya están los prados verdes, / ya vino abril galán. / A la orilla del río, / por el negro encinar, / sus barcas de plata / hemos visto brillar. / Ya están los prados verdes, / ya vino abril galán.

Para tu ventana / un ramo de rosas me dio la mañana. / Por un laberinto, de calle en calleja, / buscando, he corrido, tu casa y tu reja. / Y en un laberinto me encuentro perdido / en esta mañana de mayo florido. / ¡Dime dónde estás! / Vueltas y revueltas, / ya no puedo más.

“¿Qué es el amor?” / me preguntaba una niña. / Contesté: / “Verte una vez y pensar / haberte visto otra vez.”

Desarrollo integro de la infancia desde la poesía

Concebir la poesía en la escuela como un complemento para la formación afectiva, y no como un sostén del desarrollo íntegro de niños y niñas; disociar, especialmente en la infancia y adolescencia, lo emocional del conocimiento; subestimar en estas edades la capacidad de sumergirse en poesías más largas y de vocabulario más complejo; renunciar al silencioso instante de encantamiento y fascinación que produce la lectura de un buen poema en un aula de infantil o primaria; o, en el peor de los casos, pensar que los niños son todavía seres prácticos y simples, incompletos, que no pueden entender la hondura de la poesía.

Las personas mayores piensan que solamente ellas conocen la melancolía, la nostalgia y los sentimientos temporales … Pero no es verdad. Los niños mantienen también sus conversaciones con el tiempo y esconden a veces una gota de melancolía en los ojos.

Luis García Montero. “Lecciones de poesía para niños inquietos”

Todo ello es triste y empobrece la educación. Y seguirá siendo así mientras la mirada a los más pequeños sea igualmente pobre y desconsiderada.

Confiemos en la infancia. Aprenderemos, sin duda.

Para saber más

Advertencia: Trato de ser poco exhaustivo. Es mejor menos (si está bien escogido) que demasiado.

Consejo: La educadora o educador, antes de leer a niños y niñas, siempre debe leer con atención y elegir los poemas adecuados para cada escenario y situación de madurez.

1. Una selección de artículos, libros y blog aconsejables

2. Algunos ejemplos específicos de poesía seleccionada para niñas y niños.

  • Ediciones de la Torre cuenta con una estupenda colección de libros de poesía de grandes poetas, adecuados a infantil 0-6 y primaria 1º cursos, bajo el título: [Nombre del o la poeta]  para niños y niñas… y otros seres curiosos.
  • También en Ediciones de la Torre: [Nombre del o la poeta] para niños y jóvenes (Otra buena colección de grandes poetas, en este caso adecuada a primaria y adolescentes). Yo nunca dejaría de hacerme con Federico García Lorca para niños y jóvenes. Edición de Eutimio Martín, con dibujos de F.G. Lorca. Es una joya.
  • Canciones, poemas y romances para niños. Federico García Lorca. Edit. Octaedro.
  • El libro de Gloria Fuertes para niñas y niños. Versos, cuentos y vida. Ilustraciones Marta Altés. Edit. Blackies Books. 2017.
  • Los premios Ciudad de Orihuela de poesía para niños, editados por Kalandraka – Faktoría K, también son muy aconsejables.
  • Dos que se quieren, de Jürg Schubiger, ilustrado por Wolf Erlbruch, en Barbara Fiore Editora (deliciosa editorial). 2012
  • Entre palmas y aplausos, de Edward van de Vendel, ilustrado por Wolf Erlbruch, también en Barbara Fiore Editora. 2020.
  • Abrazos, de Jimmy Liao, escritor e ilustrador. Barbara Fiore Editora. 2016. Libro raro, sensible, hermoso, y raro.
  • Marcelina en la cocina. Gracia Iglesias, ilustraciones Sara Sánchez. Colección Miau. Ediciones Jaguar. 2017. Divertidísimo.
  • Yo. Philip Waechter, escritor e ilustrador. Ed. Lóguez. 2012. No es un libro con poemas, es una sabia reflexión sobre sobre nuestra necesidad del otro desarrollada de una forma poética.
  • Frederick. Leo Lionni, escritor e ilustrador. Kalandraka 2018. Tampoco es un libro de poesía (aunque incluye una al final), sino sobre la importancia y necesidad de la poesía en la vida, en la sociedad, en la comunidad. Impagable final.

3. Último consejo (pero no menos importante)

Leer personalmente poesía es la mejor forma de aprender a llevarla a niños y niñas. Leer según el  gusto de cada cual, sí, pero si es posible leamos a:

Federico García Lorca   Antonio Machado                  Juan Ramón Jiménez

Rafael Alberti             Pablo Neruda             Wislawa Szymborska

Nicolás Guillén           Ángela Figuera           Lope de Vega              Antonio Carvajal

Elena Martín Vivaldi               Isabel Escudero          José Hierro          Gabriela Mistral

Eugenio Montejo           Gloria Fuertes         Mª Elena Walsh          …

(para confeccionar esta reducida selección de poetas he sido aconsejado por Andrea Villarrubia, excepcional experta, buena amiga).

Si te ha gustado este post no dudes en compartir. Ayúdanos a difundir una visión de infancia emancipada, con derechos que respetar y con una refinada sensibilidad por su entorno natural, social y cultural.

¡Nos leemos en los comentarios!

ACERCA DEL AUTOR/A DE ESTE ARTÍCULO

Durante toda mi vida laboral profesional he sido educador en las Escuelas Infantiles Municipales de Granada, a las que debo gran parte de mi formación profesional y personal. Después de mi jubilación he vuelto a mi antigua escuela, Arlequín, para hacer lecturas diversas, al igual que en colegios de primaria e, incluso, en institutos.

Me centro en la poesía porque, como mi propia experiencia (la de un varón en un universo extraño a los hombres), la poesía es algo "raro" que no se termina de ver ni entender en las edades más tempranas. Creo que la lectura de buenos textos literarios (no solo poesía) por parte de las educadoras y educadores a niños y niñas de infantil, constituye una experiencia insustituible para ayudar a que el conocimiento y la emoción convivan y caminen hermanados en cada criatura.

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